Epístolas

     1. INTRODUCCIÓN

   De los veintisiete libros del Nuevo Testamento veintiuno son Cartas o Epístolas. Esas cartas fueron escritas para enseñar y orientar a los cristianos de las iglesias de aquel tiempo. En ellas se tratan, por ejemplo, cuestiones relacionadas con la vida de los cristianos, se responden a preguntas acerca de la segunda venida de Cristo, y se dan orientaciones en cuanto al orden en el culto. Uno de los temas que resaltan en algunas de las Cartas es la relación entre las leyes del Antiguo Testamento (la Biblia de los cristianos en aquel tiempo) y lo que Jesús hizo y enseñó.
   Algunos de esos problemas de fe y vida no eran fáciles de resolver. Sin embargo, los varios autores de esas Epístolas buscaron, cada uno a su manera, pero todos guiados por el Espíritu Santo, dejar en claro cuál era la voluntad de Dios para su iglesia.
   Las Epístolas del Nuevo Testamento se organizan en tres grupos: 1) Las Epístolas del apóstol Pablo; 2) Las Epístolas a los Hebreos; 3) Las Epístolas Generales o Universales.

     2. LAS EPÍSTOLAS DE PABLO

   Las trece cartas no aparecen en nuestro Nuevo Testamento en el orden en que fueron escritas, ya que la primera en ser escrita parece haber sido 1 Tesalonicenses, y la última 2 Timoteo. Las epístolas de Pablo están en orden descendente y de acuerdo a su extensión, comenzando con la más larga, Romanos y terminando con la más breve, Filemón.

   No es posible decir, a ciencia cierta, dónde y cuándo se escribió cada carta. Las trece cartas pueden ser clasificadas de la siguiente manera:

  • Las primeras Epístolas: 1 Tesalonicenses y 2 Tesalonicenses.
Todo indica que éstas no sólo son las primeras epístolas que Pablo escribió, sino también los primeros libros del Nuevo Testamento que fueron escritos.

  • Las Epístolas principales: Romanos, 1 Corintios, 2 Corintios, Gálatas.
Esas cartas abordan temas importantes acerca de la obra redentora de Cristo; de cómo el ser humano es justificado por Dios; del lugar que el pueblo de Israel ocupa en el plan redentor de Dios; de la función de la Ley de Moisés en la vida de los cristianos, y de la conducta de los seguidores de Jesús en la comunidad cristiana, que es la iglesia.

  • Las Epístolas escritas en prisiones: Efesios, Filipenses, Colosenses y Filemón.
No es posible decir dónde estaba preso Pablo cuando escribió esas Cartas. Algunos sugieren Cesarea (Hch. 23:31 al 26:32); la mayoría piensa que estaba en Roma (Hch. 28:16-31).

  • Las Epístolas Pastorales: 1 Timoteo, 2 Timoteo y Tito.
En estas cartas, Pablo escribe como pastor, y trata problemas que habían surgido en las iglesias lideradas por sus jóvenes colegas Timoteo y Tito.


     3. LA EPÍSTOLA A LOS HEBREOS

   Este escrito es más un sermón que una carta, propiamente dicho. Fue escrita por un autor desconocido y enviada a una iglesia cristiana de un lugar desconocido. Lo que se sabe es que esos cristianos, judíos de nacimiento, estaban tentados a abandonar la fe cristiana y volver a la religión de sus antepasados. Con muchos argumentos, el autor los anima a que mantengan sus ojos fijos en Jesús, «el autor y consumador de la fe» (Heb. 12:2).

     4. LAS EPÍSTOLAS GENERALES UNIVERSALES

   Se trata de un total de siete cartas: Santiago, 1 Pedro, 2 Pedro, 1 Juan, 2 Juan, 3 Juan y Judas. Con la excepción de 2 Juan Y 3 Juan, estas cartas fueron escritas a todos los cristianos en general y no a determinadas iglesias o personas.
   A pesar de que estas cartas tratan asuntos o acontecimientos que en nuestros días no se repiten o parecen no tener gran importancia, siguen teniendo importancia para los cristianos de la actualidad. En primer lugar, porque esas Cartas entraron en el canon del NT y son palabras de Dios para la iglesia de todos los tiempos. Pero, sobre todo, porque ellas muestran, claramente, que Jesús de Nazaret, el Mesías e Hijo de Dios, es aquél por medio de quien Dios nos salva. Él es quien nos muestra el camino que debemos seguir, y así será hasta el día en que «en el nombre de Jesús se sobre toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre» (Flp. 2:10-11).

     5. LIBROS Y CAPÍTULOS



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