miércoles, 18 de febrero de 2015

Isaías

     1. EL PROFETA ISAÍAS

   El profeta Isaías inició su ministerio en Jerusalén a partir del año en que murió el rey Uzías, por el 740 a.C. (véase 6:1, nota), y todavía se hallaba activo en el 701 a.C., durante el reinado de Ezequías (Is 36:1), cuando los asirios invadieron el reino de Judá.
   Lo poco que sabemos de la vida personal de Isaías tiene que ver con su actividad como profeta. Aparentemente, él gozaba de libre tránsito en el palacio de los reyes de Judá, en los días en que Asiria comenzaba a transformarse en un gran imperio. Isaías aparece como consejero del rey Acaz cuando Siria e Israel amenazaban con invadir Judá en el año 734 a.C. (Is. 7:1-16). Hacia el 711 a.C., cuando las naciones vecinas planteaban rebelarse contra los asirios, Isaías anduvo semidesnudo por las calles durante tres años, para advertir al rey Ezequías que no participara en ese proyecto (Is 20). Más tarde, en el 701 a.C., Isaías también actúo como consejero de Ezequías durante los ataques de los asirios contra Judá (Is 37).
   El nombre de Isaías quiere decir «el Señor salva». Isaías, quien probablemente fue el mayor de todos os profetas escritores, estaba casado y tenía por lo menos dos hijos: Sear-jasub y Meher-salal-hasbaz, cuyos nombres simbólicos formaban parte del mensaje que el profeta debía anunciar (véase 7:3, nota / 8:1, nota).

     2. CONTENIDO

   El libro de Isaías puede organizarse en tres partes: caps. 1-39, 40-55 y 56-66.

  •    Capítulos 1-39: en estos capítulos aparece una serie de profecías contra Judá y Jerusalén (caps 1-12), seguida de mensajes contra naciones extranjeras (caps 13-23; véase 13:1 al 12:2, notas). Los caps 24-47 forman lo que se conoce como «Apocalipsis de Isaías», pasaje que describe el juicio de Dios sobre toda la tierra y la restauración de Israel, en un lenguaje que recuerda los escritos apocalípticos (véase 24:1-24, notas). los caps. 28-33 contienen más advertencias contra Judá y Jerusalén (véase 28:1-6, notas), seguidas por nuevas profecías sobre el juicio de las naciones y la restauración de Jerusalén (caps. 34-35). Finalmente, los caps. 36-39 son un relato histórico paralelo al que aparece en 2 R. 18-20.
   Esos capítulos reflejan la situación del reino de Judá y de todo el Oriente Próximo, durante un período de crisis y de  mucha incertidumbre en el orden político. Fue en esa época cuando el Imperio Asirio inició su expansión hacia el sur. Hasta entonces, Judá había vivido un tiempo de gran prosperidad y de un poderío militar bajo el liderazgo del rey Uzías. Pero esos días habían llegado a su fin. Durante algún tiempo, a partir del 732 a.C., Judá sufrió la amenaza de una invasión por parte de Israel y Siria, sus vecinos del norte más cercanos. En esas circunstancias, la principal preocupación de Isaías era la falta de fe en la protección de Dios, que él observaba en los reyes y lideres de Judá. Esa falta de fe se expresaba, por ejemplo, en los intentos de alianzas con naciones extranjeras.
   Para Isaías, la verdadera amenaza para Judá no era el poder asirio, sino el pecado del pueblo y la desobediencia a Dios. Dios había escogido como suyas a Jerusalén y a la descendencia de David (2 S. 7). Esto traía consigo una obligación moral muy seria. El Dios santo de Israel esperaba del pueblo una conducta que reflejara su propia santidad y justicia. Por eso Isaías exigía que los pobres fuesen tratados con justicia y dignidad e insistía en que Dios no aceptaría sacrificios ni oraciones de un pueblo cuya vida no fuese moralmente responsable.
   En aquel tiempo había también otros profetas que anunciaban un mensaje parecido. Amós y Oseas, por ejemplo, profetizaron en el reino del norte, conocido como el reino de Israel. Miqueas, como Isaías, profetizó en el reino del sur. La lectura de esos profetas puede ayudar a comprender el mensaje de Isaías.
   Para Isaías, la nación desobediente no llegaba a ver la realidad de sus pecado y ofrecía oídos sordos a los consejos de los profetas. Por eso, Isaías veía en el futuro un severo castigo de Dios. Ya veía señales de ese castigo en la destrucción que llevaban a cabo los asirios, que en el 732 a.C. habían conquistados a Damasco, la capital de Siria. Diez años después le llegó el turno a la ciudad de Samaria, capital del reino del norte. Al final de aquel siglo, buena parte del reino de Judá había caído en manos de los asirios. En 701 a.C., e emperador asirio Senaquerib obligó a Judá a pagar como tributo una alta suma. En aquella ocasión, un milagro salvó a Jerusalén de ser invadida y arrasada. Sin embargo, el rey Ezequías terminó por buscar la ayuda de Babilonia y no la de Dios, como insistía Isaías. Por eso, Isaías advirtió que llegaría el día en que Judá sería llevada al cautiverio por los babilonios (cap. 39). 

  •     Isaías 40-55: la segunda parte del libro de Isaías, conocida como «el libro de la consolación de Israel», comienza con la realidad del cautiverio del pueblo de Judá en Babilonia. En otras palabras, en esos capítulos puede verse una situación muy diferente de la que presentan los caps. 1-39, donde el pueblo de Judá vivía bajo la amenaza de los asirios. Aquí parece haberse cumplido ya lo que el profeta había dicho en 39:6-7: el pueblo y sus tesoros habían sido llevados al cautiverio en Babilonia, lo que en realidad sucedió cien años después del tiempo de Isaías (587 a.C.). Sea como fuere, los mensajes de esa segunda parte de Isaías tienen presente la situación del pueblo que se encontraba prisionero en Babilonia, poco antes de que el rey Ciro de Persia lo liberara, en el 538 a.C. El pueblo, que estaba perdiendo la fe y el valor, recibe la promesa de que Dios lo liberaría y lo llevaría de regreso a la tierra de Israel, después de acabar con el poder de los babilonios. Jerusalén y el templo del Señor, destruidos por los babilonios, serían reconstruidos. Como es típico de los profetas, muchas veces esa restauración es descrita como si ya se estuviese realizando (véase 55:5, nota).
  •     Isaías 56-66: los últimos capítulos del libro de Isaías suponen un clima diferente del que percibimos en los caps. 40-55. El pueblo parece estar ya de regreso en Jerusalén después del cautiverio en Babilonia. EN una ciudad en vías de ser reconstruida, problemas antiguos y nuevos manifiestan el diario devenir de la vida del pueblo. Aquí, el profeta condena los pecados del pueblo (caps. 56-68 / 65), llama al arrepentimiento y promete que Dios va a salvar a su pueblo (caps. 59 / 63-64). Esta salvación también tendrá consecuencias para las otras naciones (caps. 60-62 / 66). El resultado final será comprable a una nueva creación (65:17-24 / 66:22-24).
  • Ciertos temas o asuntos aparecen en varias partes del libro. Tal es el caso, por ejemplo, de la santidad de Dios (véase 1:4, nota / 41:14 / 60:9), del camino o calzada (véase 11:16, nota / 35:8, n. / 57:14 / 62:10), y del fuego, para referirse a la ira de Dios (1:31 / 9:19 / 10:17 / 26:11 / 33:14 / 34:9-10 / 66:24).
     3. TEMAS PRINCIPALES

   El mensaje de Isaías es desafiante. Sus visiones de un mundo de paz son muy conocidas. Es, también, un libro bastante citado en el NT. Su lenguaje encuentra eco en muchos himnos y canciones de la iglesia cristiana. Los temas más sobresalientes son los siguientes:
  • Dios es el «Santo Dios de Israel» (véase 1:4, nota), que debe castigar a los hijos que se rebelan contra él (1:2), pero es también el Salvador de su pueblo (41:14, 16). Él es Señor de toda la creación y de toda la historia (40:15-24).
  • Israel es un pueblo que no hace lo recto (5:7 / 10:1-2). El castigo que Dios va a mandar es llamado «día del Señor» (véase 2:11, nota / 4:2, n.). Pero Dios volverá a tener compasión de su pueblo (14:1-2) y los salvará (35:9 / 49:8). La salvación es vista como un nuevo éxodo (4:16-19 / 52:10-12), y sobresale el tema del camino o la calzada (véase 11:16, nota / 35:8, n.).
  • Aún teniendo que castigar a su pueblo, Dios siempre va a dejar que un «resto» sobreviva (véase 1:9, nota).
  • Un descendiente del rey David será rey de todo el mundo (9:7 / 32:1) y traerá paz y seguridad (11:6-9). Los pueblos de todas las naciones irán a Jerusalén (2:2-4), la cual será llamada «Ciudad de Jehová» (60:14).
  • Dios tiene una misión especial para su «Siervo», que es mencionado especialmente en los caps. 42-53, donde aparecen los llamados «cánticos del Siervo» (véase 42:1-9, notas / 42:1, n. / 61:1-9). Estos pasajes son citados varias veces en el NT, en referencia a Jesucristo.
     4. EL ESTILO LITERARIO DE ISAÍAS

   El vocabulario de Isaías es rico y variado. Hace uso de unas 2.200 palabras hebreas diferentes, que son más de las que usa cualquier otro escritor del AT. El libro contiene lo mismo prosa que poesía.
   El fragmento en prosa más largo es Is 36-39. La sarcástica denuncia de la idolatría en 44:9-20 está escrita en prosa.
   La poesía de Isaías es de las más bellas de toda la Biblia. La fuerza poética de su texto puede percibirse en 30:27-33. Los mensajes de los caps 13-23, en los que se anuncia el juicio de Dios sobre las naciones, están todos escritos en poesía. Is 4:4-23 es una canción en la que se burla del rey de Babilonia. Los fragmentos de Is 28:23-29 y 32:5-8 hacen pensar en la literatura sapiencial. Is 5:1-7 es una especie de cántico amoroso. En 12:1-6 / 38:10-20 hay cánticos de alabanza.
   Una de las técnicas favoritas de Isaías es la personificación. La luna se avergonzará y el sol se cundirá (24:23). El desierto se alegrará (35:1), los montes levantarán canción (55:12) y los cielos serán invitados a cantar de alegría (véase 44:23, nota).
   Una imagen bastante conocida es la de la viña (véase 5:1, nota). Pisar uvas en el lagar es una imagen que habla de la ira de Dios (63:3). Beber el vino de la ira es una manera de hablar acerca del castigo de Dios (véase 51:17, nota). Los monstruos como Leviatán y Rahab son usados para referirse a otras naciones (véase 27:1, nota / 30:7, n. / 51:9, n.).

     5. CAPÍTULOS
En construcción...


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