1. EL PROFETA JEREMÍAS
El profeta Jeremías pertenecía a una familia de sacerdotes que vivía en Anatot (Jer 1:1). Comenzó a anunciar mensajes de Dios en el año 627 a.C., y probablemente murió en Egipto alrededor del 580. Jeremías anunció al pueblo de Judá que una terrible desgracia les sobrevendría como castigo por sus pecados. Además de servir ellos a otros dioses, albergaban un falso sentimiento de seguridad derivado al hecho de que el templo del Señor estaba entre ellos (véase Jer 7:1-15, notas).
Jeremías aún vivía cuando sus profecías se cumplieron. Él mismo estaba presente cuando en el 586 a.C. el rey Nabucodonosor destruyó la ciudad de Jerusalén, incendió el templo y al rey de Judá y a gran parte del pueblo los llevó cautivos a Babilonia.
Jeremías amaba profundamente a su pueblo. Y si anunciaba que Dios iba a castigar a su pueblo, no lo hacía por placer sino por obligación. Las autoridades y el pueblo, por su parte, no recibían de buen agrado los mensajes de Jeremías, que fue rechazado, perseguido y encarcelado. Dios le pidió que no se casase ni tuviese hijos, sino que hiciera de su propia vida una advertencia para el pueblo (16:1-13). En varios momentos, y especialmente en las llamadas «confesiones» (véase 11:18-23, notas), Jeremías se quejó de sufrir por el hecho de ser profeta de Dios (véase 20:7 nota). Pidió a Dios que lo vengase de aquellos que lo perseguían (11:20 / 15:15 / 17:18). Habló sobre el dolor y la tristeza que sentía por causa del pueblo (4:19-22), que era también el dolor y la tristeza de Dios (12:7-13). Maldijo el día en que nació (20:14-18), y llegó al punto de acusar a Dios de haber engañado al pueblo (4:10). Pero, a pesar de todo, Jeremías continuó con su trabajo, pues la palabra de Dios era como fuego en su corazón, y él no podía permanecer callado (20:9).
2. CONTENIDO DEL LIBRO
El libro de Jeremías contiene discursos y profecías, lo mismo en forma de prosa que en poesía. Contiene además informaciones biográficas y relatos históricos. A veces, estas diferentes formas literarias aparecen mezcladas, como puede verse en 18:1 al 20:18.
Los primeros veinticinco capítulos son mensajes proféticos contra el pueblo de Judá y la ciudad de Jerusalén. En medio de estas profecías, aparecen también poesías y oraciones de tristeza y dolor, que nos recuerdan a los salmos. Ejemplo de ellos son los textos de 11:8 al 12:6 / 15:10-11, 15-21 / 17:14-18 / 18:18-23 / 20:7-20.
Los caps. 26-45 presentan episodios de la vida de Jeremías en un estilo bastante parecido al de las historias de los profetas en los libros de Samuel. El cap. 26, con que se inicia esa sección del libro, presenta con mayor detalle el sermón que Jeremías anunció en el templo, según 7:1-15, y que dio inicio a un conflicto con las autoridades. Los tres caps. siguientes (26-29) son un ejemplo de cómo la profecía y la política se hallaban entrelazadas en el antiguo Israel. Dos profetas, Jeremías y Ananías, se enfrentan, cada uno como representante de una opción política en aquel momento histórico. En nombre de la supervivencia del pueblo, el «partido» de Jeremías defendía la sumisión a los babilonios. El partido de Ananías se preocupaba más por la independencia política de Judá, a la cual consideraba todavía posible. Otra cuestión era la de cuánto tiempo el pueblo permanecería cautivo en Babilonia. Para Jeremías, el tiempo sería muy largo (29:10), mientras que para otros duraría sólo dos años (28:3). Los caps. 30-31, conocidos como «el libro de consolación» de Jeremías, insisten en el tema de la esperanza a pesar de todo. Los caps 32-35 narran historias que sucedieron en Jerusalén durante el cerco de los babilonios. El caps. 36 habla del libro o rollo en que fueron escritas las profecías de Jeremías. La conquista de Jerusalén, y lo que luego sucedió, se relata en los caps. 37-45. Mención especial merecen los caps. 40-44, que relatan lo que sucedió, entre los que permanecieron en Judá después de que los babilonios destruyeron el país. Una conspiración llevó el asesinato del gobernador Gedalías, y el pueblo decidió huir a Egipto, llevándose consigo a Jeremías y a su secretario, Baruc.
Los caps. 46-51 se componen de mensajes proféticos contra nueve naciones, las cuales aparecen en un orden geográfico que indica un movimiento del sudoeste al noreste, es decir, de Egipto a Babilonia. En la Septuaginta estos caps. aparecen después del caps. 25, un orden que parece lógico, puesto que 25:15-38 es una especie de introducción a los mensajes a las naciones.
Finalmente, el cap. 52 resume la historia de la conquista de Jerusalén y habla acerca de los grupos de cautivos que fueron llevados a Babilonia. El libro termina con una nota de esperanza: el rey Joaquín, prisionero del rey de Babilonia, es tratado con bondad y retiene el derecho de portar su vestimenta real (52:32-34).
3. CARACTERÍSTICAS DEL LIBRO DE JEREMÍAS
En el libro de Jeremías, los acontecimientos y las profecías no aparecen en un orden cronológico preciso. Esto puede observarse en el siguiente cuadro:
- 21:1-2 Cuando Jerusalén estaba cercada por los babilonios (587 a.C.)
- 24:1 Después de que el primer grupo de israelitas fue llevado a Babilonia (597 a.C.)
- 25:1 En el cuarto año del reinado de Joaquín (606 a 605 a.C.)
- 32:1 En el décimo año del reinado de Sedequías (587 a 586 a.C.)
- 36:1 En el cuarto año del reinado de Joaquín (606 a 605 a.C.)
- 39:1 En el noveno año del reinado de Sedequías (587 a 586 a.C.)
- 45:1 En el cuarto año del reinado de Joaquín (606 a 605 a.C.)
Otra característica que debe señalarse es el estilo del ministerio profético de Jeremías. Además de que él es uno de los dos profetas que más se queja de su condición (véase 11:18-23, notas), él mismo reforzaba su mensaje con actos simbólicos,16:1 mediante los cuales enseñaba o representaba delante de la gente, y de manera concreta, aquello que estaba por suceder. Jeremías realiza, por lo menos, seis actos simbólicos: el cinto podrido (13:1-11), la vasija rota (19:1-13), los yugos (27:1-15), la compra de la heredad de Hanameel (32:1-15), las piedras de Tafnes (43:8-13), y el rollo arrojado en el río Éufrates (51:59-64). Por otra parte, la vida misma de Jeremías era un acto simbólico (16:1-13).
4. TEMAS PRINCIPALES
Dios controla tanto la historia del pueblo de Israel como la de todas las otras naciones (1:10).
El mensaje de Dios es poderoso (5:14 / 23:29).
Dios espera que su pueblo cumple con los términos del pacto que hizo con ellos. En caso de que fueran desobedientes, serían castigados (37:10), a pesar de ser el pueblo elegido por Dios (11:15-17). Para advertirles esto, el Señor envió a sus siervos, los profetas (7:13, 25 / 11:7 / 25:3 / 35:14 / 44:4). Como no quisieron oír, fueron castigados y el castigo provino de Dios mismo (4:12).
El castigo de exilio no es la palabra final de Dios para su pueblo. El profeta también tiene profecías de esperanza y restauración (16:14-15 / 23:1-8 / 30:1 al 33:26 / 46:27-28 / 50:4-10, 17-20). Uno de los pasajes más sobresalientes es 31:31-34: Dios promete hacer un nuevo pacto con su pueblo, pacto que ellos cumplirían de manera libre y espontánea, pues la ley de Dios estaría grabada en el corazón del pueblo.
El Señor es el Dios que arranca o derrumba, pero, al mismo tiempo, es el Dios que planta o construye (31:28). Él es el que aflige y el que salva (30:7); el que dice que las heridas de Jerusalén no tienen remedio (30:12-13) y que, inmediatamente después, promete curar esas heridas (30:17); el que trae la desgracia sobre el pueblo y el que le da todas las buenas cosas que le prometió (32:42).
5. CAPÍTULOS
En construcción...
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