1. INTRODUCCIÓN
El apóstol Pablo escribió por lo menos cuatro cartas a los cristianos de la ciudad de Corintio. En 1 Co 5:-13, Pablo habla de una carta que había escrito antes de 1 Corintios; en 2 Co 2:3 y 7:8 hace referencia a otra carta suya, que había causado tristeza a los corintios. La situación entre Pablo y los cristianos de Corinto empeoró después de que ellos recibieran aquella dura carta (véase 2:3, nota). Algunos de los miembros más exaltados decían que Pablo no era realmente un apóstol y, por lo tanto, no tenía autoridad para resolver los problemas de la iglesia. Pablo reacciona con firmeza y, en los caps. 10-13, defiende su autoridad como verdadero apóstol de Jesucristo. Sin embargo, Pablo usa su autoridad no para castigar a los corintios, sino para beneficio de ellos, para que crezcan espiritualmente (10:8 / 12:19 / 13:10). Al despedirse de ellos, el apóstol recomienda: «Sed de un mismo sentir y vivid en paz; y el Dios de paz y de amor estará con vosotros» (13:11).
2. CONTENIDO
La Segunda Epístola a los Corintios trata de un modo muy especial la relación entre Pablo y los corintios. El apóstol se esfuerza por hacer las paces con ellos. Por eso, habla de su preocupación, su tristeza y su gran amor por todos ellos (2:2-4 / 7:3).
Otro asunto importante es la ofrenda para los cristianos necesitados de Judea. Esa ofrenda no es solamente un acto de caridad, sino que es también una expresión concreta de la unidad del cuerpo de Cristo, la iglesia. Pablo pide a los cristianos gentiles que sean generosos en la ayuda que van a prestar a los cristianos judíos (8:13-14 / Ro 15:26-27).
Pero el asunto más importante de esta carta es la autoridad apostólica de Pablo, y él escribe largamente sobre el tema (1:12 al 2:4 / 3:1 al 6:13 / 7:2-16 / 10:1 al 12:21). Pablo abre su corazón de pastor y pide a sus amados hermanos que acepten su autoridad. Todo lo que él dice y hace es el resultado de su gran amor por ellos (12:15).
3. MENSAJE
El Dios de paz: El ser humano, en su condición natural de pecador, es indigno de Dios y vive separado y alejado de él. Pero, por medio de Jesucristo, Dios nos transforma de enemigos en amigos, y nos da la tarea de hacer que otros también sean amigos suyos (5:18-20).
El amor de Cristo: Por su gran amor hacia nosotros Cristo se hizo pobre, es decir, se hizo humano como nosotros, para que nosotros nos volviésemos espiritualmente ricos (8:9 / 5:21). El cristiano es una nueva persona; la vida vieja terminó y, en unión con Cristo, él vive una vida nueva (5:17).
El Espíritu Santo, la garantía de las promesas de Dios: Dios pone el Espíritu Santo en nuestro corazón para garantizar, de ese modo, que recibamos todo lo que él promete dar a su pueblo (1:22 / 5:5). Con esa seguridad, el cristiano enfrenta la vida lleno de esperanza y coraje.
El deber de ayudarse unos a otros: Por haber recibido de Cristo todo lo que tenemos es nuestro deber ayudarnos mutuamente y, en especial, ayudar a los que están pasando dificultades. Dios quiere que seamos generosos y que hagamos nuestras ofrendas con alegría, no con tristeza ni por obligación, pues Dios ama a quien da con alegría (9:6-9).
La necesidad de vivir una vida pura: Los cristianos de Corinto eran una pequeña minoría en una ciudad famosa por su inmoralidad. Por lo tanto, todo seguidor de Cristo debe mantenerse puro y vivir una vida completamente dedicada a Dios (6:14 al 7:1).
4. FECHA Y LUGAR
Pablo escribió esta cara uno o dos años después de escribir 1 Corintios, es decir, en 56 o 57 d.C. El apóstol estaba en la provincia de Macedonia cuando la escribió (2:13 / 7:5). Allí se encontró con Tito, su compañero de misiones, y escuchó de sus labios las buenas noticias acerca de la situación de la iglesia de Corinto. Por eso Pablo escribe esta carta a los cristianos de aquella ciudad (Véase 1 Co Introducción 5.«Pablo y la iglesia de Corinto»).
5. CAPÍTULOS
En construcción...
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