viernes, 6 de marzo de 2015

Juan

     1. INTRODUCCIÓN

   Las palabras de este Evangelio son sencillas, pero las verdades que expresan son profundas. El testimonio de este Evangelio acerca de Jesucristo y de su mensaje es de la mayor importancia para los lectores de hoy, de todas las nacionalidades, razas y culturas. En este Evangelio Jesús es proclamado el Salvador del mundo (4:42); él es la luz que ilumina a toda persona (1:9); él es la revelación del amor de Dios hacia todo el mundo (3:16). El plan de Dios incluye a todos, y a todos se le invita a responder al llamado divino. Aquellos que responden y se convierten en seguidores de Jesús serán fortalecidos por la lectura de este Evangelio y se entregarán más todavía a Aquél, con quienes es necesario estar, pues él tiene «palabras de vida eterna» (6:68).

     2. JUAN Y LOS OTROS EVANGELIOS

   El testimonio de Juan acerca de Jesús es, en algunos casos, igual al testimonio de los otros Evangelios. Este Evangelio habla de Juan el Bautista (1:6-8, 19-36); cuenta que Jesús expulsó del templo a los vendedores de animales y a los cambistas de dinero (2:13-22), y que alimentó a la multitud y anduvo sobre las aguas (6:1-21); registra la confesión de Pedro (6:68-69), describe cómo María derramo perfume sobre la cabeza de Jesús (12:2-8), y habla de lo que sucedió durante la última semana que Jesús estuvo en Jerusalén (caps. 18-20).
   Es fácil advertir que este Evangelio es muy diferente de los otros; de echo, Juan no es uno de los Evangelios sinópticos, es decir, su testimonio acerca de Jesucristo no es presentado desde el mismo punto de vista de los otros Evangelios. Clemente de Alejandría, en el siglo II, decía que Juan es el Evangelio espiritual, con lo que quiso decir que Juan presenta más el sentido espiritual de los hechos de Jesús, en contraste con los otros Evangelios, que en general sólo cuentan lo que sucede. Es conveniente señalas algunas de las principales diferencias.
   En los Evangelios sinópticos, a los discípulos de Jesús les toma mucho tiempo comprender quién es Jesús y confesar que él es el Mesías, el Hijo de Dios (Mc 8:27-30 y pasajes paralelos). Pero en este Evangelio aquellos que se encuentran con Jesús saben, de inmediato, quién es él. Juan el Bautista declara que él es el Cordero de Dios (1:29-36). Andrés (1:41), Felipe (1:45), Natanael (1:49), la mujer samaritana (4:29) y los habitantes de Sicar (4:42), reconocer de inmediato a Jesús y lo confiesan como el Mesías, el Salvador que había sido prometido por los profetas, el Hijo de Dios, el Rey de Israel, y el Salvador del mundo.
   En los Evangelios sinópticos, Jesús enseña acerca del reino de Dios, principalmente por medio de parábolas; en este Evangelio, Jesús enseña por medio de discursos y de diálogos que tratan de su relación con Dios, su Padre.
   En los Evangelios sinópticos, una de las actividades principales de Jesús es expulsar a los demonios y malos espíritus (Mt 4:24 / 9:32-34 / 12:22-23 / Mc 1:23-27 / 3:11 / 5:1-20 / 7:24-30 / 9:14-29 / Lc 8:2 / 11:14-15 / 13:10-17). Al expulsar demonios, Jesús demuestra que los poderes del  mal están siendo derrotados y que el dominio de Satanás está llegando a su fin (Mc 3:21-27 / Lc 11:20). Juan, por su parte, no registra ninguna expulsión de espíritu malos.
   En este Evangelio, Jesús desarrolla su ministerio principalmente en Jerusalén y sus alrededores; en los Evangelios sinópticos, Jesús pasa todo el tiempo en Galilea y va hacia Jerusalén sólo una vez, al final de su vida. Juan registra tres fiestas de Pascua (2:13 / 6:4 / 11:55); los Evangelios sinópticos sólo registran una (Mc 14:1 y pasajes paralelos). En los Evangelios sinópticos, el viernes de la crucifixión de Jesús es el día de la Pascua; en Juan, ese viernes es la víspera de la Pascua (18:28 / 19:31).
   La revelación de Jesús como la encarnación de la Palabra de Dios es dad por medio de milagros que son llamados «señales»; el primero Jesús lo hace en Caná de Galilea (2:1-11). En 20:30-31, el evangelista revela su propósito de registrar los milagros de Jesús que aparecen en este libro (2:23 / 3:2 / 4:54 / 6:14 , 30 / 7:31 / 11:47 / 12:18, 37).
   Este Evangelio contiene una serie de afirmaciones de Jesús que comienzan con la frase «Yo soy», la mayoría de las cuales tiene que ver con los milagros que él hace: el pan de vida (6:35), la luz del mundo (8:12 / 9:5), la puerta de las ovejas (10:7), el buen pastor (10:11), la resurrección y la vida (11:25), el camino, la verdad y la vida (14:6) y la vid verdadera (15:1). Hay pasajes en los que Jesús usa el nombre divino «Yo soy» (8:24, 28, 58 / 13:19) para hablar de sí mismo.
   El espíritu Santo recibe un lugar destacado en este Evangelio. Como en los otros Evangelios, el Espíritu desciende y permanece en Jesús desde el principio de su ministerio (1:32), y el Padre da a Jesús su Espíritu sin medida (3:34). Lo que aparece en este Evangelio y no en los otros son las enseñanzas de Jesús acerca del Espíritu como el otro «Consolador» que Dios enviará para tomar el lugar de Jesús (14:15-17, 25-26 / 15:26-27 / 16:7-15). La tarea más importante del Consolador será hacer que los seguidores de Jesús recuerden sus enseñanzas (14:26), y guiarlos en toda verdad (16:13). Al final, el Cristo resucitado y glorificado sopla de su Espíritu sobre sus seguidores (20:22-23 / 7:39).

     3. CONTENIDO

   La historia de Jesús en Juan se organiza en dos partes: el ministerio público de Jesús y la última semana en Jerusalén. El Evangelio comienza como una profunda meditación teológica en cuanto a la naturaleza y la misión de Jesucristo (1:1-18); la historia propiamente dicha comienza con Juan el Bautista y su testimonio acerca de Jesús (1:19-36) y sus primeros discípulos (1:37-51).
   En su ministerio público, Jesús divide su tiempo entre Judea y Galilea. En los Evangelios sinópticos Jesús pasa todo el tiempo en Galilea y va a Jerusalén solamente al final de su ministerio; pero en Juan va y vuelve a Jerusalén varias veces antes de la ultima semana. Comienza en Galilea (1:1-42) y va a Judea a fin de conmemorar la fiesta de la Pascua (2:13 al 3:36); vuelve a Galilea, pasando por Samaria (4:1-54); está presente en Jerusalén para «una fiesta de los judíos» (5:1-47); está nuevamente en Galilea (6:1 al 7:9); y luego va a Judea, donde permanece hasta el final (7:10 al 12:50). Una serie de fiestas religiosas marca las actividades de Jesús: la fiesta de la Pascua (2:13 / 6:4 / 11:55); «una fiesta de los judíos» (5:1); la fiesta de los Tabernáculos (7:2); y la fiesta de la dedicación (10:22).
   Antes de ser apresado, Jesús pasa la última semana en Jerusalén con sus discípulos, preparándolos para el tiempo cuando se separará de ellos (caps. 13-17). El arresto de Jesús, su juicio, crucifixión, muerte y resurrección completan sumisión (caps. 18-20). El libro termina con un apéndice en el cual se cuenta otra aparición de Jesús ante sus discípulos (cap. 21).

     4. EL MENSAJE

   El amor de Dios es el mensaje central del Evangelio de Juan. Este amor es anunciado de manera simple y clara en el versículo que es, posiblemente, el preferido de toda la Biblia: «porque de tal manera amó Dios al mundo...» (3:16). Estas palabras resumen la buena nueva anunciada por Jesucristo: Dios, el Creador y Señor del universo, no es sólo un Dios de justicia rigurosa y de ira vengativa, es, también un Dios de amor que está dispuesto a hacer el mayor sacrificio para que todos conozcan su amor. El amor de Dios no es sólo para un grupo especial de personas, sino que es un amor imparcial que incluye a todos, sin distinción de raza, cultura, posición social o religión. pero no es un amor débil y sentimental; es un amor costoso, que para Dios significó la vida de su propio Hijo, un amor que exige a cada persona una fe completa en Jesucristo como Salvador e Hijo de Dios (20:31). Ese amor se manifiesta en la obediencia a los mandamientos de Jesús (14:15, 21) y también en los frutos que resultan de la unión con él, de una unión íntima y total como la del pámpano con su fruto (15:4)
   El amor de Cristo y el amor por Cristo unen a las personas en una comunidad, como un rebaño que tiene un mismo pastor (10:16). El Dios que es el Señor supremo del universo y de la humanidad es un Dios de amor.
   Los Evangelios sinópticos hablan acerca del reino de Dios, pero Juan habla acerca de la vida eterna (3:15-16), que no es simplemente una vida sin fin sino una vida que se vive de acuerdo con la voluntad de Dios. La palabra griega aionios, que se traduce «eterna», indica que esa vida pertenece al tiempo de lo que ha de venir, es decir, al tiempo en que la voluntad de Dios será hecha tanto en la tierra como en el cielo. Es una vida dada por Dios y a Jesucristo (17:3), una vida que comienza con Dios y con el Hijo de Dios (5:26, 40). Por lo tanto, la vida eterna tiene un sentido doble: es la vida verdadera que comienza ahora mismo (5:24), cuando la persona cree en Jesús (3:36 / 6:40, 47), y es también la vida después de la muerte, la vida con Dios para siempre (10:28). Jesucristo, el pan que viene de Dios, da vida al mundo (6:33). El Dios que ama es el Dios que da vida.
   La luz y la oscuridad son dos realidades opuestas pero evidentes de esta vida. En la oscuridad de la noche, por la falta de luz, al persona tropieza (11:9-10) y no puede trabajar (9:4). Luz y oscuridad existen también en el mundo espiritual. El ser humano fue creado para andar en la luz física y espiritual; la oscuridad espiritual es el reino del pecado y de la muerte. Con su primera orden Dios creó la luz (Gn 1:3), y en el mundo de la oscuridad espiritual la luz de Dios alumbra (1:9); luz y oscuridad no pueden unirse (1:5). Los que siguen a Jesús tienen la luz y nunca deben andar en la oscuridad (8:12); los que prefieren la oscuridad huyen de la luz verdadera (3:19-20). Quien anda en la oscuridad no se sabe a dónde va (12:35); los que creen en Jesús andan en la luz de Dios (12:46). El Dios que ama es el Dios que da a todos la luz de la vida.

     5. AUTOR, FECHA Y LUGAR

   El cuarto Evangelio, como también sucede con los otros tres, no se dice quién es el autor. Una tradición muy antigua afirma que el discípulo a quien Jesús amaba (13:23 / 19:26 / 20:2 / 21:7, 20) es el mismo que vio al soldado romano atravesar con su lanza el costado de Jesús (19:34-35). Y en una nota final del libro se dice que él es el discípulo que escribió las cosas que él vio (21:24). Desde el siglo II, ese discípulo ha sido identificado como Juan hijo de Zebedeo. Sin embargo, conviene recordar que ningún pasaje del Evangelio dice que el discípulo a quien Jesús amaba era Juan hijo de Zebedeo. En el siglo I había otro Juan, llamado el «presbítero», de la ciudad de Éfeso, y muchos piensan que él fue el escritor de este Evangelio.
   La mayoría de los estudiosos de la Biblia sostiene que este Evangelio fue escrito hacia fines del siglo I, después de los Evangelios sinópticos; pero algunos sostienen que fue escrito antes de la caída de Jerusalén, que tuvo lugar ene l año 70 d.C.
   Éfeso, la ciudad más importante de la provincia romana de Asia, parece haber sino el lugar donde fue escrito el Evangelio de Juan.
   Este Evangelio, como los otros, fue escrito, principalmente para beneficio de los cristianos. El autor afirma (20:31) haber narrado los milagros que Jesús realizó «para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios y para que creyendo tengáis vida en su nombre». A primera vista, esto parece hablar solamente de los no cristianos, pero el énfasis de todo el Evangelio y el pasaje paralelo en 19:35 parecen indicar que el autor estaba escribiendo su Evangelio principalmente para los cristianos.

     6. TEXTO

   El problema textual más importante en Juan es la historia de la mujer acusada de adulterio (8:1-11). Muchos de los manuscritos griegos más antiguos no incluyen este pasaje, y ya no hay duda de que este pasaje no formaba parte del texto original de Juan. Es preciso notar que 8:1 encaja bien con la continuación de 7:52. En algunos manuscritos griegos, la historia de esta mujer aparece después de 21:25; un manuscrito lo coloca después de 7:36, y otros manuscritos lo ubican después de Lc 21:38. la mayoría de los estudiosos sostiene que se trata de un hecho verdadero, y por eso aparece en la mayoría de las traducciones modernas, las cuales agregan una nota con la debida explicación.
   Otro problema textual importante se encuentra en 5:3; la explicación en los v. 3b-4, acerca de la agitación de las aguas, no estaba en el texto original. (véase 5:3, nota).

     7. CAPÍTULOS
En construcción...

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