viernes, 6 de marzo de 2015

Romanos

     1. INTRODUCCIÓN

   Entre las cartas del NT, la de Pablo a los romanos aparece en primer lugar, no porque haya sido la primera que Pablo escribió, sino porque es la más larga de todas y porque es considerada la más importante. En esta carta, Pablo expone de manera ordenada cómo es que él entiende el evangelio, tanto en lo que se refiere a sus doctrinas como en su aplicación en la vida diaria de los seguidores de Cristo.
   Un tema de gran importancia para el apóstol era el lugar del pueblo de Israel en el plan de Dios. Los judíos eran el pueblo escogido por Dios pero, en su mayoría, no habían aceptado a Jesús como el Mesías que Dios había enviado. ¿Acaso esto quería decir que Dios lo había rechazado? Con emoción y fervor Pablo rechaza esa idea, y declara que al final el pueblo de Israel será salvo. Todo depende de la misericordia de Dios y de que el pueblo de Israel abandone su terquedad en rechazar el evangelio (11:25-26).
   El mensaje principal de esta epístola es que todos, judíos y gentiles, son salvos por la gracia de Dios, por medio de la fe en Cristo Jesús (1:16-17).

     2. CONTENIDO

   Pablo comienza la epístola con un saludo a los destinatarios. Pablo no había fundado la iglesia de Roma ni había estado allí antes. Muchas veces había decidido visitar a los hermanos y hermanas en Roma, y ahora se había presentado la oportunidad. Primero va a Jerusalén, y de allí viajaría hasta España; en el camino, visitará Roma. Con esta carta Pablo prepara a los cristianos de Roma para su encuentro con ellos.
   En la parte doctrinal de la carta (caps. 1-8), Pablo desarrolla el tema principal de su mensaje: son salvos por la gracia de Dios todos los que creen en Cristo, tanto judíos como gentiles. Luego, trata el tema del pueblo de Israel en el plan de Dios (caps 9-11).
   En la parte final, habla sobre los derechos y deber de los cristianos. Señala con marcado énfasis que los fuertes en la fe son responsables de tratar con humildad y amor a los que son débiles en la fe (14:1 al 15:13). Todo debe hacerse para que el cuerpo de Cristo, la iglesia, se mantenga unida.
   La carta termina con saludos personales, consejos finales y una oración de alabanza.

     3. MENSAJE

   Justificación: El evangelio muestra cómo es que Dios nos acepta (1:17). Ésta es la expresión clave de esta epístola, la manera predilecta de Pablo de hablar sobre la salvación. Las frases «justificado por la fe» y «justificado» (3:20, 21, 22, 24, 26, 28, 30 / 4:3, 5, 25 / 5:1, 9 / 6:16 / 8:30) hablan de la salvación que Dios ofrece al pecador. Una persona acusada de un crimen era «justificada» al ser declarada inocente por el juez. Del mismo modo, la persona que cree en Cristo Jesús es declarada sin culpa. Nadie puede hacer nada para ser aceptado por Dios, solamente por medio de la fe en Cristo Jesús es como Dios declara a una persona inocente y la acepta. No siempre el lenguaje o los argumentos de Pablo son fáciles de entender, pero él quiere mostrar, de una vez y para siempre, que la salvación (el hecho de ser justificados por Dios) es siempre el producto de la gracia de Dios, por medio de la fe en Cristo Jesús.
   Estar en la carne: La expresión «estar en la carne» (7:5 / 8:3), o frases similares, las usa Pablo para referirse a la persona que está separa de Dios (7:18, 25 / 8:3-5, 8, 9, 12-13 / 13:14). En tal condición, la persona vive de acuerdo a su propia voluntad y no de acuerdo a la voluntad de Dios. No se trata sólo de una debilidad humana, sino que es un poder que se enfrenta a Dios (Ro 8:7) y que, por lo tanto, conduce a la muerte (Ro 8:6). «Vivir en la carne» es vivir sin tener en cuenta a Dios (8:4-5, 13-14).
   Hemos muerto al pecado: (6:2) No es posible que una persona justificada por Dios siga bajo el dominio del pecado. Con esto Pablo no quiere decir que el cristiano no peca más, sino que deja de ser esclavo de pecado y ya no es dominado por éste, sino por la gracia de Dios (6:6, 14, 18, 22).
   Libres de la ley: (7:6) Algunos judíos que habían aceptado a Jesús como el Mesías enviado por Dios decían que la Ley de Moisés aún debía ser obedecida, pues nunca había sido anulada y presentaba la voluntad de Dios para su pueblo. Pablo demuestra que los cristianos ya no están bajo el dominio de la ley, sino bajo la gracia de Dios (6:14). Ellos, por ser parte del cuerpo de Cristo, están muertos en lo que a la ley respecta (7:4-6). La persona que cree en Cristo alcanza la salvación por la gracia de Dios y no por obedecer a la ley (3:21-24, 28).
   En Cristo Jesús: (6:11) Muchas veces Pablo usa esta expresión y otras semejantes (6:23 / 8:1, 2 / 9:1 / 12:5 / 15:17 / 16:3, 7, 9, 10) para hablar de la nueva vida de la persona que acepta a Cristo como Salvador y Señor. En unión con Cristo, la persona muere, es sepultada y resucita para vivir una nueva vida. Es en unión con Cristo como la comunidad cristiana, la iglesia, existe y crece (12:5), en una unión que continúa por la eternidad (6:23).
   Más que vencedores: (8:37) Quienes están unidos a Cristo participan de su muerte y resurrección, y llegan a ser hijos de Dios (8:15-17). Con Dios de nuestro lado, nadie podrá vencernos (8:31). Pablo pregunta: «¿Quién nos podrá separar del amor de Dios?». Quienes creemos en Cristo no estamos libres de sufrimiento, dificultades, persecuciones o peligros. Pero nada puede separarnos del amor de Dios, amor que es nuestro por medido e Cristo Jesús (8:35-38). Ésta es la victoria completa del pueblo de Dios.

     4. FECHA, LUGAR Y DESTINATARIOS

   No es posible asegurarlo con certeza absoluta, pero todo indica que la Epístola a los Romanos fue escrita en 56 o 57 d.C., al término de los viajes misioneros de Pablo.
   Posiblemente Pablo estaba en la ciudad de Corinto cuando escribió esta carta. Gayo, su anfitrión (16:23), parece haber sido el mismo Gayo de Corinto (1 Co 1:14). Es muy posible que Febe, diaconisa de Cencrea, haya sido quien llevó la carta a los cristianos de Roma (16:1-2).
   Pablo nunca había estado en Roma, pero al final de la carta manda saludos a veintiséis personas, varones y mujeres, a quienes menciona por nombre. En la iglesia de Roma había judíos y gentiles, y ésta habrá sido una de las razones por la que Pablo escribió tanto acerca de las responsabilidades y derechos de ambos grupos; sobre todo, hace hincapié en que, por estar unidos a Cristo Jesús, ellos conforman un solo cuerpo.
   Es conveniente recordad que, en aquel tiempo, los cristianos no tenían edificios propios ni templos donde celebrar sus cultos. Por eso, se reunían en casas particulares. Pablo menciona al grupo que se reunía en la casa de Priscila y Aquila (16:3-5a), y es posible que en 16:14-15 se aluda a dos grupos más (Véase también Hch 1:12 / 1 Co 16:19 / Col 4:15 / Flm 1-2).

     5. CAPÍTULOS
En construcción...

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