1. INTRODUCCIÓN
El Evangelio de Lucas fue escrito por un «maestro» en el arte narrativo. Algunas de sus narraciones tienen una belleza y un encanto fuera de lo común. Ejemplo de ello son el anuncio del nacimiento de Jesús (1:26-38) y el encuentro del Señor resucitado con dos de sus seguidores en el camino a Emaús (24:13-35), uqe son dos de las más bellas historias que alguna vez se hayan contado.
Este Evangelio debe leerse no solo por su encanto y belleza, sino especialmente porque es un libro acerca de Jesús, ya que nuestra fe depende de Jesús de comienzo a fin.
2. CONTENIDO
El Evangelio de Lucas fue escrito para proclamar y fortalecer la fe cristiana. Lo mismo que los otros evangelistas, Lucas también escuchó relatos y reunió informaciones con el propósito de proclamar el mensaje centrar de la iglesia cristiana: Jesús de Nazaret es el Mesías, el Salvador que Dios había prometido enviar.
En general, al contar Lucas los acontecimientos de la vida pública de Jesús tanto en Galilea como en Judea, sigue el orden del Evangelio de Marcos, aunque en vez de comenzar con la predicación de Juan el Bautista comienza con Zacarías, el anciano sacerdote, y con su esposa Isabel, ambos padres de Juan el Bautista. Los dos primeros capítulos cuentan las historias paralelas del nacimiento de Juan el Bautista y de Jesús, y termina la sección con Jesús en el templo a los doce años de edad (2:41-52). El ministerio de Juan el Bautista (3:1-20) introduce la actividad pública de Jesús, que con ciertas diferencias sigue el orden que aparece en el Evangelio de Marcos. Una de estas diferencias es que el final de la actividad pública de Jesús aparece mucho más temprano, en el cap. 9: «Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén» (9:51). De ahí en adelante, y hasta 19:27, Jesús está de camino hacia Jerusalén (13:22, 31, 33 / 17:11 / 18:31, 35 / 19:1, 11). Muchas de las enseñanzas de Jesús que aparecen en esta sección las narra únicamente Lucas.
En Lucas, Jerusalén es, por así decirlo, el centro de las actividades de Jesús. El Evangelio comienza con el sacerdote Zacarías, de servicio en el templo (1:5-22); Jesús es presentado a Dios en el templo (2:22-38); a los doce años de edad Jesús visita el templo (2:41-52), y la última de las tres tentaciones tiene lugar en el templo (4:9-13). Su viaje de Galilea a Jerusalén comienza en 9:51 y, una vez en la ciudad, Jesús se queda enseñado en el templo (19:47-48). El Evangelio termina con los seguidores de Jesús alabando a Dios en el templo (24:52-53).
3. LUCAS Y LOS OTROS EVANGELIOS
Para saber cómo se relaciona Lucas con los Evangelios de Marcos y de Mateo, véase la introducción a los Evangelios. Al parecer, Lucas sigue siendo el ejemplo de ateo, usó el Evangelio de Marcos y otros documentos para escribir su Evangelio. No es posible saber si estas fuentes eran documentos escritos o testimonios de personas que «lo vieron con sus ojos» (1:2). Todo indica que de esas fuentes provienen las parábolas del buen samaritano (10:25-37), del hijo pródigo (15:11-32) y del rico y Lázaro (16:19-31). Lo mismo vale para el encuentro de Jesús con la mujer pecadora en casa de Simón el fariseo (7:36-50); el encuentro de Jesús con Zaqueo (19:1-10) y el encuentro de Jesús con los dos discípulos ene l camino a Emaús (24:13-35).
4. LA HISTORIA
El autor se propone escribir «en orden» (1:3) «la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas» (1:1). En realidad, lo que quiere contar es cómo nació y creció la fe cristiana, y cómo ésta se propagó hasta llegar a Roma. Comienza su narración con el nacimiento de Juan el Bautista, y lo extiende, en el Libro de los Hechos, hasta la llegada del apóstol Pablo a Roma, aproximadamente 65 años después. Aquí es preciso recordar que, después de la historia de Jesucristo, viene el Libro de los Hechos, escrito por el mismo autor. En Hechos se encuentra la historia de los primeros treinta años de actividad en el Imperio Romano. Juntos, el Evangelio de Lucas y el Libro de los Hechos constituyen el texto más largo del NT escrito por un mismo autor.
5. MENSAJE
La buena noticia para todos: Lucas insiste en que el mensaje de salvación debe ser anunciado a todos. EL ángel anuncia «en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres» (2:14). En su alabanza a Dios, Simeón afirma la salvación que él vio con sus propios ojos es «para... los gentiles» (2:32). En Lc 3:6 se citan las siguientes palabras del profeta Isaías: «verá toda la carne la salvación de Dios» (Is 40:5). La lista de los antepasados de Jesús llega hasta «Set, hijo de Adán, hijo de Dios» (3:38), para mostrar así que la misión de Jesús se extiende a todos los pueblos del mundo.
Lucas habla acerca de varios grupos y clases de personas que, en aquel tiempo, eran despreciadas y maltratadas por los poderosos. Algunos samaritanos se niegan a recibir a Jesús (9:51-56), pero él sana a un samaritano leproso (17:11-19), y un samaritano bueno y honesto es elogiado en una de las parábolas de Jesús (10:30-37). Los publicanos, cobradores de impuestos que eran considerados ladrones y traidores a la patria, aparecen varias veces (3:12-13 / 5:27-32 / 7:34 / 15:1). Zaqueo, jefe de los cobradores de impuestos, es un marcado ejemplo de lo que significa el sincero arrepentimiento (19:1-10). Asimismo, las personas de «mala fama» que no seguían al pie de la letra todas las leyes y tradiciones de los judíos aparecen en el Evangelio de Lucas más veces que en el de Marcos o el de Mateo (5:50, 32 / 7:34 / 15:1-2 / 19:7).
Las referencias a mujeres son más frecuentes en Lucas que en Mateo, Marcos o Juan. En una época en la que las mujeres eran consideradas inferiores a los varones, Jesús no hace ninguna diferencia, sino que trata a hombres y mujeres con la misma delicadeza y con el mismo amor. Entre las mujeres mencionadas están Isabel, madre de Juan el Bautista (1:5-7, 26-56); la profetisa Ana (2:36-38); la viuda de Naín (7:11-17); la mujer encorvada que Jesús cura en una sinagoga (13:10-17); María Magdalena, Juana, Susana y muchas otras mujeres que, con sus recursos, ayudaban a Jesús y sus discípulos (8:1-3), además de las mujeres que lloraban y se lamentaban al seguir a Jesús hasta la cruz (23:27-31). También aparecen mujeres en las parábolas de Jesús (18:1-8). En la parábola de la moneda perdida (15:8-10), Jesús compara la acción de Dios con la de una mujer. Y, como sucede en los otros Evangelios, también Lucas cuenta que las mujeres fueron las primeras en saber que Jesús había resucitado, así como las primeras en anunciar esa buena nueva a los otros seguidores de Jesús (24:1-10).
Alegría e himnos de alabanza: Este Evangelio registra bellos himnos de alabanza; por ejemplo, el himno de la alabanza a Dios por los ángeles que anunciaron el nacimiento de Jesús (2:14); la canción de María, madre de Jesús (1:46-55); la profecía de Zacarías (1:.67-79), y las palabras de alabanza de Simeón (2:29-32). Varias veces el Evangelio habla de las personas que cantan himnos de alabanza (2:20), dan gloria a Dios (18:43) y lo alaban (1:64 / 2:28 / 5:25-26 / 7:16 / 13:13 / 17:15 / 18:43). Zaqueo recibe a Jesús «gozoso» (19:6), y hay mucha alegría en la tierra y en el cielo cuando los pecadores se arrepienten (15:6-7, 9-10, 24, 32). El Evangelio termina con el regreso de los discípulos de Jesús a Jerusalén, los cuales vuelven «con gran gozo» y «estaban siempre en el templo alabando y bendiciendo a Dios» (24:52-53).
Riquezas: Tanto Juan el Bautista (3:10-14) como Jesús enseñan que es necesario saber usar las riquezas materiales. Jesús condena la avaricia (12:13-21; también 12:32-34 / 16:14), y cuenta parábolas en las que la riqueza y los bienes desempeñan un papel importante: los dos deudores (7:40-42); el rico insensato (12:13-21); la moneda perdida (15:8-10); el mayordomo infiel (16:1-12), y el rico y Lázaro (16:19-31).
Oración: Además de las oraciones de Jesús que aparecen también en los otros Evangelios, Lucas registra otros siete casos en que Jesús oró: al momento de ser bautizado (3:21); después de las curaciones que hacía (5:16); antes de la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo (9:18); en el monte de la transfiguración (9:29); antes de enseñar a sus discípulos la «oración modelo» (11:1), y cuando estaba en la cruz (23:32) y contó tres parábolas acerca de la oración, que los otros Evangelios no registran: el amigo que llega a medianoche (11:5-8); la viuda y el juez (18:1-8), y el fariseo y el publicano (18:9-14).
El Espíritu Santo: El Espíritu Santo recibe mayor preponderancia en este Evangelio que en el de Mateo o en el de Marcos. El Espíritu está con Isabel (1:41-45), con Zacarías (1:67) y con Simeón (2:25-27). El Espíritu desciende sobre Jesús en el momento de ser bautizado (3:22), y está con él cuando es tentado (4:1) y cuando comienza su trabajo público (4:14). En cierto momento, Jesús se alegra por el poder del Espíritu Santo (10:21), y dice además que el Espíritu Santo está entre las cosas buenas que Dios da (11:13). Jesús promete a sus discípulos que el Espíritu estará con ellos cuando sean llevados ante los magistrados y autoridades (12:12), y cuando se despide de ellos promete enviarles el Espíritu Santo (24:49).
6. AUTOR, FECHA Y LUGAR
El autor no se identifica en el texto del Evangelio. El título «de Lucas» responde a una antigua tradición que viene desde fines del siglo II después de Cristo, según la cual el Evangelio fue escrito por Lucas, médico y también compañero de Pablo (Col 4:14 / 2 Ti 4:11 / Flm 2:4).
El autor dedica su obra a Teófilo, a quien llama «excelentísimo» (1:3 / Hch 1:1). Nada más se sabe de Teófilo. Puesto que el tratamiento de «excelentísimo» se usaba al dirigirse a altas autoridades romanas (Hch 23:26 / 24:3 / 26:25), se supone que Teófilo habrá sido una de esas autoridades. No se sabe con certeza si Teófilo era cristiano o no. La frase «las cosas en las cuales has sido instruido» (1:4) puede referirse a meras informaciones acerca de la religión cristiana, aunque puede tener también un sentido más estricto de instrucciones en la fe cristiana. De ser éste el caso, Teófilo habrá sido cristiano.
La mayoría de los especialistas bíblicos sugiere que el Evangelio de Lucas y el Libro de los Hechos fueron escritos después de la destrucción de Jerusalén, que tuvo lugar en el año 70 d.C. Hay quienes piensan que estos dos libros fueron escritos antes de ese episodio, pero la mayoría opta por una fecha entre los años 80 ó 90 de la era cristiana.
No hay manera de asegurar dónde fue escrito el Evangelio. Es probable que haya sido escrito fuera de Jerusalén. Los lugares que más se mencionan son Antioquia de Siria, Cesarea (en Israel) y Acaya (en Grecia).
7. CAPÍTULOS
En construcción...
5. MENSAJE
La buena noticia para todos: Lucas insiste en que el mensaje de salvación debe ser anunciado a todos. EL ángel anuncia «en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres» (2:14). En su alabanza a Dios, Simeón afirma la salvación que él vio con sus propios ojos es «para... los gentiles» (2:32). En Lc 3:6 se citan las siguientes palabras del profeta Isaías: «verá toda la carne la salvación de Dios» (Is 40:5). La lista de los antepasados de Jesús llega hasta «Set, hijo de Adán, hijo de Dios» (3:38), para mostrar así que la misión de Jesús se extiende a todos los pueblos del mundo.
Lucas habla acerca de varios grupos y clases de personas que, en aquel tiempo, eran despreciadas y maltratadas por los poderosos. Algunos samaritanos se niegan a recibir a Jesús (9:51-56), pero él sana a un samaritano leproso (17:11-19), y un samaritano bueno y honesto es elogiado en una de las parábolas de Jesús (10:30-37). Los publicanos, cobradores de impuestos que eran considerados ladrones y traidores a la patria, aparecen varias veces (3:12-13 / 5:27-32 / 7:34 / 15:1). Zaqueo, jefe de los cobradores de impuestos, es un marcado ejemplo de lo que significa el sincero arrepentimiento (19:1-10). Asimismo, las personas de «mala fama» que no seguían al pie de la letra todas las leyes y tradiciones de los judíos aparecen en el Evangelio de Lucas más veces que en el de Marcos o el de Mateo (5:50, 32 / 7:34 / 15:1-2 / 19:7).
Las referencias a mujeres son más frecuentes en Lucas que en Mateo, Marcos o Juan. En una época en la que las mujeres eran consideradas inferiores a los varones, Jesús no hace ninguna diferencia, sino que trata a hombres y mujeres con la misma delicadeza y con el mismo amor. Entre las mujeres mencionadas están Isabel, madre de Juan el Bautista (1:5-7, 26-56); la profetisa Ana (2:36-38); la viuda de Naín (7:11-17); la mujer encorvada que Jesús cura en una sinagoga (13:10-17); María Magdalena, Juana, Susana y muchas otras mujeres que, con sus recursos, ayudaban a Jesús y sus discípulos (8:1-3), además de las mujeres que lloraban y se lamentaban al seguir a Jesús hasta la cruz (23:27-31). También aparecen mujeres en las parábolas de Jesús (18:1-8). En la parábola de la moneda perdida (15:8-10), Jesús compara la acción de Dios con la de una mujer. Y, como sucede en los otros Evangelios, también Lucas cuenta que las mujeres fueron las primeras en saber que Jesús había resucitado, así como las primeras en anunciar esa buena nueva a los otros seguidores de Jesús (24:1-10).
Alegría e himnos de alabanza: Este Evangelio registra bellos himnos de alabanza; por ejemplo, el himno de la alabanza a Dios por los ángeles que anunciaron el nacimiento de Jesús (2:14); la canción de María, madre de Jesús (1:46-55); la profecía de Zacarías (1:.67-79), y las palabras de alabanza de Simeón (2:29-32). Varias veces el Evangelio habla de las personas que cantan himnos de alabanza (2:20), dan gloria a Dios (18:43) y lo alaban (1:64 / 2:28 / 5:25-26 / 7:16 / 13:13 / 17:15 / 18:43). Zaqueo recibe a Jesús «gozoso» (19:6), y hay mucha alegría en la tierra y en el cielo cuando los pecadores se arrepienten (15:6-7, 9-10, 24, 32). El Evangelio termina con el regreso de los discípulos de Jesús a Jerusalén, los cuales vuelven «con gran gozo» y «estaban siempre en el templo alabando y bendiciendo a Dios» (24:52-53).
Riquezas: Tanto Juan el Bautista (3:10-14) como Jesús enseñan que es necesario saber usar las riquezas materiales. Jesús condena la avaricia (12:13-21; también 12:32-34 / 16:14), y cuenta parábolas en las que la riqueza y los bienes desempeñan un papel importante: los dos deudores (7:40-42); el rico insensato (12:13-21); la moneda perdida (15:8-10); el mayordomo infiel (16:1-12), y el rico y Lázaro (16:19-31).
Oración: Además de las oraciones de Jesús que aparecen también en los otros Evangelios, Lucas registra otros siete casos en que Jesús oró: al momento de ser bautizado (3:21); después de las curaciones que hacía (5:16); antes de la confesión de Pedro en Cesarea de Filipo (9:18); en el monte de la transfiguración (9:29); antes de enseñar a sus discípulos la «oración modelo» (11:1), y cuando estaba en la cruz (23:32) y contó tres parábolas acerca de la oración, que los otros Evangelios no registran: el amigo que llega a medianoche (11:5-8); la viuda y el juez (18:1-8), y el fariseo y el publicano (18:9-14).
El Espíritu Santo: El Espíritu Santo recibe mayor preponderancia en este Evangelio que en el de Mateo o en el de Marcos. El Espíritu está con Isabel (1:41-45), con Zacarías (1:67) y con Simeón (2:25-27). El Espíritu desciende sobre Jesús en el momento de ser bautizado (3:22), y está con él cuando es tentado (4:1) y cuando comienza su trabajo público (4:14). En cierto momento, Jesús se alegra por el poder del Espíritu Santo (10:21), y dice además que el Espíritu Santo está entre las cosas buenas que Dios da (11:13). Jesús promete a sus discípulos que el Espíritu estará con ellos cuando sean llevados ante los magistrados y autoridades (12:12), y cuando se despide de ellos promete enviarles el Espíritu Santo (24:49).
6. AUTOR, FECHA Y LUGAR
El autor no se identifica en el texto del Evangelio. El título «de Lucas» responde a una antigua tradición que viene desde fines del siglo II después de Cristo, según la cual el Evangelio fue escrito por Lucas, médico y también compañero de Pablo (Col 4:14 / 2 Ti 4:11 / Flm 2:4).
El autor dedica su obra a Teófilo, a quien llama «excelentísimo» (1:3 / Hch 1:1). Nada más se sabe de Teófilo. Puesto que el tratamiento de «excelentísimo» se usaba al dirigirse a altas autoridades romanas (Hch 23:26 / 24:3 / 26:25), se supone que Teófilo habrá sido una de esas autoridades. No se sabe con certeza si Teófilo era cristiano o no. La frase «las cosas en las cuales has sido instruido» (1:4) puede referirse a meras informaciones acerca de la religión cristiana, aunque puede tener también un sentido más estricto de instrucciones en la fe cristiana. De ser éste el caso, Teófilo habrá sido cristiano.
La mayoría de los especialistas bíblicos sugiere que el Evangelio de Lucas y el Libro de los Hechos fueron escritos después de la destrucción de Jerusalén, que tuvo lugar en el año 70 d.C. Hay quienes piensan que estos dos libros fueron escritos antes de ese episodio, pero la mayoría opta por una fecha entre los años 80 ó 90 de la era cristiana.
No hay manera de asegurar dónde fue escrito el Evangelio. Es probable que haya sido escrito fuera de Jerusalén. Los lugares que más se mencionan son Antioquia de Siria, Cesarea (en Israel) y Acaya (en Grecia).
7. CAPÍTULOS
En construcción...
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